Jueves 18 de Diciembre de 2008

En tiempo récord, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció una fuerte inyección de fondos para préstamos personales, compra de vehículos, actividades turísticas y obra pública. Sin embargo, crece el nerviosismo entre el sector empresario por la falta de respuestas a una necesidad vital.

El dato que recién dará a conocer a fines de diciembre el INDEC, se filtró como reguero de pólvora entre los distintos círculos empresariales y generó alarma.
Tal como dio a conocer este lunes iProfesional.com, en noviembre las exportaciones se desplomaron, al pasar de exhibir una tasa de crecimiento promedio interanual del 40% entre julio y octubre, a una caída inédita de casi 9% con respecto al mismo mes de 2007.

De hecho, la última vez que los envíos habían sufrido una caída fue en agosto de 2002, cuando los u$s2.188 en exportaciones fueron un 13% menor al mismo mes de 2001.

Si bien las principales causas de este mes negro para el comercio exterior argentino responden a la baja de los precios de las commodities y a que cerca de 10 millones de toneladas de granos permanecen en manos de los productores, también contribuyó el descalabro de la industria automotriz, que ya se erigió como la punta del iceberg de un amplio abanico de sectores industriales que comienzan a padecer los efectos de la crisis.

En noviembre, por la pérdida de fuerza de la “aspiradora” brasileña, la Argentina exportó 27.905 vehículos, es decir, un 24,5% menos que el mismo mes de 2007. Frente a esto, el Gobierno decidió lanzar una inyección de $3.100 M destinados a créditos prendarios para la adquisición de autos cero kilómetro.

Sin embargo, desde Ecolatina adelantaron que este anuncio es una pobre “vacuna” frente a una enfermedad que proviene desde el exterior: con el desplome de la demanda brasileña, los 100.000 autos que esperan comercializarse bajo esta modalidad, no alcanzarán para compensar la caída de las exportaciones.

En este sentido, desde la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC) alertaron que “no podemos pensar en que vamos a resolver el problema de la producción automotriz en la Argentina sólo estimulando el mercado interno”. Y agregaron que hasta puede ser contraproducente para la industria nacional.

Sucede que gran parte de los modelos que se promocionan son de origen brasileño. Por lo tanto, el Gobierno estaría alentando a autopartistas del país vecino y, además, quitándole atractivo a nivel precio a los modelos medianos, justamente donde las empresas proveedoras locales tienen más peso.

“En el caso de la exportación de autos, sin dudas se nos va a caer el mercado brasileño. Pero la desaceleración que está padeciendo la industria automotriz es apenas el principio de una mala película para la Argentina”, alertó Raúl Ochoa, ex subsecretario de Comercio Internacional y miembro del comité académico de la Fundación Standard Bank.

En este contexto, el miedo comienza a apoderarse de los empresarios argentinos que poseen negocios en el exterior, ya que ven cómo una de las patas de su estrategia de negocios flaquea. Y el nerviosismo se potencia al ponerse en evidencia que el Gobierno no les da respuestas para mejorar el tipo de cambio, una variable clave para la industria.

Al respecto, Adriano de Fina, gerente de la Asociación de Importadores y Exportadores de la República Argentina (AIERA), adelantó que la entidad sufrió una baja en la solicitud de los certificados de origen, documentación necesaria para salir al exterior: “En noviembre tuvimos una caída del 15%. Debemos estar muy atentos a cómo evoluciona, porque esto indica una menor actividad de los exportadores”.

Por su parte Diego Pérez Santisteban, director del departamento de Comercio Exterior de Deloitte, sostuvo que “ya estamos notando el impacto de la crisis en los sectores industriales. Claramente hay una baja del nivel de exportación de manufacturas, esto no sólo afecta a las commodities. Como se espera un reacomodamiento de precios global para una gran gama de bienes, desde productos farmacéuticos hasta alimentos, ningún importador en el mundo quiere comprar caro, así que no se están haciendo los cierres de negocios que se hacían unos meses atrás”.

“La sensación es que estamos empezando a acomodarnos a la crisis, pero la crisis en sí, para los empresarios todavía no empezó. La verdad es que el año 2009 entero va a ser muy duro”, sintetizó el especialista.

¿Y el apoyo del Gobierno?
De este modo, la razón del temor que corre entre el sector privado es que, por un lado, ninguno de los planes que anunció el Gobierno en las últimas semanas apunta a mejorar la competitividad vía tipo de cambio, una variable abofeteada por la inflación y la devaluación de las monedas de los países regionales.

Por otro lado, influye el rumor que señala que la estrategia del Gobierno es mantener atado al dólar a la suerte que corra la cotización de la soja en los mercados internacionales.

Con respecto al primer punto, los anuncios tuvieron como objetivo impulsar el consumo interno, el turismo local y la obra pública, pero hubo poco y nada para los exportadores, salvo un anuncio aislado de créditos destinados a la prefinanciación de ventas externas.

De este modo, el Gobierno volvió a dejarlos con las manos vacías, teniendo en cuenta el desaire que sufrió la cúpula de la Unión Industrial Argentina (UIA) el mes pasado durante la cumbre realizada en el Sheraton de Pilar, cuando esperaban una mejora del tipo de cambio real vía eliminación de retenciones y suba de reintegros.

“Todas las medidas oficiales que lanzaron son mercadointernistas. Nadie le está dando al comercio exterior la atención que necesita. No hay una clara noción en el Gobierno de la crisis que están enfrentando los exportadores”, explicó Ochoa.

Así, el desencanto entre los industriales crece día a día.

En diálogo con iProfesional.com, Sergio Vacca, en ejercicio de la presidencia en lugar de Juan Carlos Lascurain en la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), disparó contra el Gobierno ya que “la mayoría de los anuncios nos pasan por el costado. Me preocupa que son anuncios sueltos, sin una idea verdadera de un plan anticrisis. Las intenciones son buenas, ahora, las medidas concretas que hay que tomar para ver logros no las estamos viendo”.

El referente del sector industrial agregó que “a nivel empresarial hay un muchísimas cosas que se pueden hacer y no se hace nada. Se anuncia el plan de los taxis, el de la mesa navideña y blanqueo de capitales, pero acá tenemos que fomentar en serio la producción”.

Molestia en la fila de los empresarios “K”
Los ánimos están caldeados incluso entre los industriales más afines a la administración kirchnerista, que ahora ni siquiera se molestan en ocultar su descontento.

Como una postal que sirve para mostrar el deterioro de las relaciones entre el Gobierno y parte del sector privado, un reconocido empresario y directivo de una de las cámaras sectoriales que más cerca estuvo de las dos últimas administraciones, tuvo un fuerte encontronazo con el secretario de Industria, Fernando Fraguío.

Este reconocido dirigente que pidió reserva, explicó a iProfesional.com que había sido invitado el viernes pasado al acto que tuvo lugar en Olivos y donde la Presidenta iba a anunciar más medidas para hacer frente a la crisis.

A la espera de soluciones concretas para su sector, este empresario recibió como respuesta las intenciones de poner fin a la “tablita” de Machinea y el Plan de Renovación del parque automotor de taxis.

“Me descolocó, ahí me crucé con algunos funcionarios y les pedí por favor que se pusieran a trabajar de una vez por todas, porque la Argentina no es sólo una fábrica de autos”, disparó indignado.

El futuro del tipo de cambio, la gota que rebalsó el vaso
Por otra parte, si bien recibieron un poco de aire con un dólar rondando los $3,40, cada vez más empresarios aseguran que, a partir de la devaluación de las monedas de los principales socios comerciales de la Argentina, hay que hacer una readecuación urgente del tipo de cambio.

En este sentido, según datos de Economatica:

  • El peso Argentino en lo que va del año se devaluó un 8,8%.
  • Como contrapartida, la moneda de Brasil lo hizo en un 33,7%.
  • Chile no se quedó atrás y su moneda se abarató con respecto al dólar casi 32%.
  • Por último, el peso mexicano se devaluó un 22%.


Dólar: atado a la suerte de la soja
A pesar de los movimientos de las monedas de la región, el Gobierno parece decidido a mantener a toda costa la estrategia de un dólar administrado. 

A esto se agregó un ingrediente hasta ahora no utilizado: según los rumores que corren por casa de Gobierno, la administración K ató el precio del billete verde a la cotización del “oro verde”, es decir, a la soja.

De este modo, la divisa estadounidense se mueve levemente hacia abajo cuando el precio de la oleaginosa crece y se encarece unos centavos si el grano pierde tereno. Igualmente, vale aclarar, siempre en el rango de los $3,40-$3,50, evitando ajustes demasiado bruscos.

Esto pudo verse el 5 de diciembre, un día fatal para la soja en el mundo: en ese entonces, el precio oficial de la Secretaría de Agricultura se desplomó hasta los u$s310 la tonelada. Esto permitió que el dólar saltara desde los $3,37 del día 1° hasta los casi $3,45 de ese viernes.

Al respecto, Pablo Rojo, director de Río Bravo Inversiones, sostuvo a iProfesional.com que “es un error vincular el tipo de cambio al valor de las commodities, porque éstas bajan o suben, no en función de la competitividad argentino, sino en función de situaciones de oferta y demanda a nivel internacional y no tenemos ninguna capacidad de ejercer posición”.

“Cuando hablamos de política monetaria, tenemos que tener en la cabeza la posición de la industria. Tenemos que trabajar para que la industria sí tenga un escenario de mayor competitividad”, agregó Rojo.

En la misma línea, Ochoa sostuvo que atar el dólar a la soja es “mirar el comercio exterior como recaudación. Acá la clave está en pensar qué sucede con la exportación de productos industriales”.

Se intensifica el pedido de un dólar a $4
Ante este escenario complejo para el sector privado, Sergio Vacca sostuvo que “el valor del dólar actual dio un respiro pero está lejos de ser suficiente”.

Acto seguido, el titular de ADIMRA aseguró que “para llegar a los niveles de competitividad que teníamos a fines de 2006 y principios de 2007, debería estar alrededor de los $4. Esto mejoraría mucho nuestra situación con respecto a Brasil”.

En este contexto, la entidad solicitó una reunión con la ministra de Producción, Débora Giorgi, a la que le llevarán una larga lista de pedidos, pero con el eje puesto en el tipo de cambio.

iProfesional.com también pudo dialogar con Héctor Méndez, quien este martes fue designado como el próximo presidente de la UIA.

Méndez
sostuvo que “la preocupación por el dólar no desapareció ni dejó de estar vigente” y recalcó que los industriales “necesitamos un tipo de cambio que nos hagan más competitivos pero no genere inflación”.


“¿Con el dólar a $34,0 les cierra la ecuación?”, preguntó este medio al futuro presidente de la UIA. “No, no es suficiente -disparó-. Está faltando una mejora para sostener las exportaciones”.

Más industriales se suman al descontento
Por su parte, desde la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas, Electromecánicas y Luminotécnicas (Cadieel), que nuclea a 3.000 empresas que producen bienes de alto valor agregado, también adelantaron que confían en hablar con la ministra.

“Para competir hoy en mercados como Chile tenemos que bajar los precios hasta el límite en que la rentabilidad es menos que cero”, se quejó el presidente de la cámara, Ramiro Prodan.

“Pedimos que nos quiten las retenciones del 5% a las exportaciones. Nos están multando en lugar de premiarnos. Esto, sumado a un dólar por encima de los $3,40 actuales, nos permitiría competir en condiciones de igualdad”, agregó.

En la misma línea, Raúl Zylbersztein, directivo de la Confederación General Empresaria y presidente de la Cámara de Manufacturas del Cuero y Afines de la República Argentina (CIMA), sostuvo que “hay que tocar el tipo de cambio”.

Todo el mundo davalúa, nosotros no podemos ir para el otro lado”, disparó.

El dirigente aseguró que su sector cerrará este año con una caída de las ventas al exterior del 20% y que están sufriendo achicamiento de pedidos.

Frente a esto, Zylbersztein agregó que “la baja de aportes patronales para nuevos empleados no sirve para nada. Vamos a tomar gente cuando tengamos mercado y podamos colocar la producción que esa persona genere y esto se logra con un tipo de cambio competitivo”.

Al respecto, sostuvo que “una devaluación controlada, bien hecha, no va a traer inflación, ya que la demanda está muy tranquila y la economía no está efervescente”.

¿Hay margen para devaluar?
Desde la consultora Prefinex explicaron que el Gobierno “está preocupado por el nivel de inflación, que en noviembre se ubicó en torno al 22% anual. Por ello creemos buscarán amortiguar la pérdida de competitividad en el corto plazo por vías distintas al tipo de cambio nominal, a la espera del mejor momento político y económico de modo de poder depreciar el peso con el menor costo inflacionario posible”.

Frente a esto, alertaron que “los ajustes a shocks, como los que está experimentando actualmente la economía local, tienen efecto en las cantidades producidas cuando se está frente a esquemas monetarios rígidos”, o sea, un tipo de cambio nominal cuasi fijo.

“Por lo tanto, mientras se siga sosteniendo el valor del peso el ajuste lo sufrirá la economía real. En este sentido, estimamos que a mediados del primer semestre se sentirán con fuerza las consecuencias de la crisis global sobre la economía real, y ello daría espacio para ajustar de manera más contundente el tipo de cambio”, explicaron.

Desde Prefinex aclararon que el nivel de devaluación al que accederá el Gobierno es una incógnita. Sin embargo, aseguran que hay un amplio margen por delante y que el límite máximo está más allá de los $4 que está pidiendo la industria.

En este sentido, el techo máximo tolerable, dado por el conciente entre los billetes y monedas en manos del público más los depósitos privados totales y las reservas internacionales, es de $4,60. Mientras que el tipo de cambio que equilibraría las cuentas del BCRA estaría en torno a $3,85.

Independientemente del valor, los industriales sienten la urgencia de un cambio de timón en cuanto a la política monetaria.

“El tipo de cambio no es un número, es aquél que permita que las empresas funcionen óptimamente y tengan rentabilidad. Y esto es fundamental porque impulsar las exportaciones es una de las pocas maneras de sacar al país adelante”, concluyó Méndez.

Juan Diego Wasilevsky