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Artículo escrito por Carlos OULTON en Prensa sobre Nov 13th, 2010 | no hay respuestas
Nota de LA VOZ DEL INTERIOR

La Cámara de Diputados de la Nación está tratando un proyecto del diputado Héctor Recalde que propugna la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas. Carlos Oulton.

13.11.2010 | Carlos Oulton (Presidente de la Fundación Oulton)
La Cámara de Diputados de la Nación está tratando un proyecto del diputado Héctor Recalde que propugna la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas. Según el texto, se debería distribuir el 10 por ciento de las utilidades netas entre el personal y crear un comité tripartito –Estado, sindicatos, empresarios– para el control de la contabilidad de las compañías.

Alcanzaría sólo a las que empleen a más de 300 trabajadores, en una primera instancia, para luego incorporar a otras, quedando exentas cooperativas y entidades sin fines de lucro.

El fundamento principal es el artículo 14 bis de la Constitución Nacional. Esto no es nuevo, porque ya fue tratado hace más de dos siglos, en especial por el economista liberal David Ricardo. Entre nosotros, fue incorporado en 1957.

Es importante que trabajadores y empleadores estén detrás de un interés común en beneficio de la empresa, porque esto hace a la dignificación del trabajo y al conjunto social.

Preguntas. Sin embargo, del análisis del proyecto surgen preguntas en las cuales el Estado tendría que tener participación directa sobre las posibles respuestas.

¿No debería haber contraprestaciones por esa participación, preocupación y dedicación de los obreros y también por las horas extras necesarias que cumple la dirigencia empresarial? Y los riesgos asumidos, ¿se participarán? ¿Los trabajadores pondrán su innovación para beneficio de la empresa?

¿No podrían reducirse los impuestos al trabajo? ¿No corresponde que el Estado intervenga en los excesos que hay con los juicios laborales? ¿No es lógico que empresarios y trabajadores sean premiados con exenciones impositivas?

Antes que pensar en repartir lo que no se sabe si va a haber, ¿no sería mejor que el Estado ponga su parte y modifique el Impuesto a las Ganancias para que todos paguen lo que les corresponde? Informes del Ieral–Fundación Mediterránea muestran que los asalariados participaban en 1977 en el 33 por ciento de la renta y los empresarios en el 39 por ciento, como en la actualidad. El Estado, que participaba con 18 por ciento, hoy lo hace con 28 por ciento.

¿No sería mejor que los premios se paguen por desempeño satisfactorio y, en ese caso, tengan doble deducción de impuestos? Creemos que, para mejorar la productividad y alentarla, es necesaria una práctica constructiva de cooperación.

Debe legislarse, pero no ser compulsivos e imponer porcentajes y formas de distribuir. La distribución podría ser voluntaria de cada empresa.

La participación debería ser una especie de esquema de incentivo; por caso, que una parte de la remuneración esté atada a los resultados. En la Argentina, la legislación laboral es rígida; entonces, no hay garantía de que si un año se paga un bonus elevado, al año siguiente, si cae la rentabilidad, se pueda volver a aplicar.

Esto sin explayarnos en la negativa repercusión que tendría sobre futuros inversores, locales o del extranjero.

Además, el artículo 14 bis enuncia otros derechos; entre ellos, la organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial, cosa que la CGT –que tanto defiende Recalde– no está dispuesta a tolerar.

Olvida también el artículo 17 de la Constitución, que se contradice con el anterior cuando dice: “La propiedad es inviolable…” y “todo autor es propietario exclusivo de su obra”.

Yo preguntaría si Recalde distribuye ganancias de su estudio y de sus funciones. No tengo dudas de que gana considerablemente mucho más que varios industriales, profesionales y estancieros, sin tener en cuenta los ingresos familiares, ya que su esposa es empleada de la Justicia y su hijo, presidente de Aerolíneas Argentinas.